Acerca De Nuestra Riqueza De Mañana

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Napoleon Tercero A

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About Our Wealth of Tomorrow

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Si no vivimos para comer, sino que comemos para vivir, ¿qué es para nosotros “vivir” Para nosotros “vivir” es ser cada día más sabios, y mis buenos para ensanchar los Imites de nuestra conciencia y ser útiles a nosotros mismos y a los demás. El espíritu de servicio es la medida de nuestra grandeza, así como el egoísmo es la medida de nuestra ruindad.

Vivir para amasar una fortuna, es insensato, puesto que existe un plazo fatal determinado que no sabemos nunca cuando se cumple: el de la muerte. Cuando este fenómeno ocurre, nos encontramos, después del trance, despojados de toda la riqueza material en cuya adquisición habíamos empleado nuestra breve existencia, sin haber tenido tiempo de desarrollar nuestras facultades espirituales que, en el mas allá, son los medios de vida, únicos y valederos, como lo son en este mundo los cinco sentidos de nuestro cuerpo.

Si es triste el espectáculo de un recién nacido invalido y ciego, es mayor aún la tristeza que inspira ver la miseria espiritual de un ser que en el plano físico era rico y poderoso, y que ahora, en los planos superiores, no es más que un ente retardado y oscuro, con un farrago de culpas a cuestas, pero que puede ser redimido por las enseñanzas que antes despreciara cuando andaba a caza de bienes transitorios, De ahí que el consejo del Señor en prevalecer en este mundo de verdades ilusorias: " No atesoréis en este mundo. Atesorad en el Reino de los Cielos, donde el ladrón hurta ni corroe la polilla".

Yo no digo que sea malo hacer fortuna, porque ésta proporciona social independencia, y estimula el progreso general del país y de la nación. Yo condeno el afán de lucro cuando se convierte en finalidad exclusiva de la existencia, y cierra las puertas al progreso e independencia del alma, y nos priva de la dicha de ser mañana, después del trance inevitable, una conciencia despierta y sana, que, aunque no limpia y luminosa como la de un ángel, sea al menos la de un habitante normal, en aquel mundo de la realidad verdadera y eterna.

Napoleón Tercero Amador

If we do not live to eat, but rather eat to live, what does "living" mean to us? For us, "living" is becoming wiser every day and doing our best to expand the limits of our consciousness and be useful to ourselves and others. The spirit of service is the measure of our greatness, just as selfishness is the measure of our baseness.

Living to amass a fortune is foolish, since there exists a fatal deadline that we never know when will be met: death. When this phenomenon occurs, we find ourselves, after the transition, stripped of all the material wealth that we spent our brief existence acquiring, without having had time to develop our spiritual faculties which, in the afterlife, are the sole and valid means of existence, just as the five senses of our body are in this world.

If the sight of a newborn who is disabled and blind is sad, the sadness inspired by seeing the spiritual misery of a being who was rich and powerful on the physical plane is even greater; who now, in the higher planes, is nothing more than a retarded and obscure entity, burdened with a tangle of guilt, yet who can be redeemed by the teachings they previously despised while chasing transient goods. Hence the Lord's advice in prevailing in this world of illusory truths: "Lay not up for yourselves treasures upon earth... but lay up for yourselves treasures in heaven, where neither thief steals nor moth destroys."

I do not say that making a fortune is bad, because it provides social independence and stimulates the general progress of the country and the nation. I condemn the lust for profit when it becomes the exclusive purpose of existence, closing the doors to the progress and independence of the soul, and depriving us of the joy of being—tomorrow, after the inevitable transition—an awake and healthy consciousness, which, although not as clean and luminous as that of an angel, may at least be that of a normal inhabitant in that world of true and eternal reality.

Napoleon Tercero A Signature