La Felicidad es Eterna

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Happiness is Eternal

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La desgracia no puede ser eterna y puesto que tiene un límite, el concepto de la felicidad infinita se impone como una lógica consecuencia.

Por eso podemos afirmar que la felicidad es perdurable como la Vida; y que esta misma Vida tiene, lógicamente también, como principal objetivo, como razón medular de su propia existencia, la Felicidad Eterna.

En efecto. Dios no pudo haber creado al hombre para que fuese desgraciado. Dios mismo es la Vida, y por ende, EL es felicidad perpetua, inexhaustible y única; y la vida de Sus criaturas, reflejo de la Suya propia, no puede ser en manera alguna, una proyección sombría, porque la luz no pude proyectar tinieblas.

Pero ¿cuál es, en lo que concierne al hombre, la felicidad eterna? Contesto: la Perfección, es decir, la Sabiduría. Esos dos factores que se interpenetran mutuamente, hasta el grado de convertirse el uno en esencia fundamental para otro, puesto que no puede haber Sabiduría sin perfección y viceversa.

De modo que cada hecho contrario a la felicidad, al cual nosotros llamamos desgracia, no es más que un evento circunstancial que se convierte en cosa perecedera, en cuanto adquirimos la experiencia que de él se deriva. De ahí que la humanidad avanza hacia el Conocimiento y la Perfección, a golpes de experiencia.

En conclusión, el dolor, la desgracia, y todo cuanto resulta de la ignorancia y demás imperfecciones que nos afligen, no son sino las bases constitutivas, necesariamente concatenadas, como las arcadas de los puentes, para que se cimente sobre elles. esa ruta sin término -objetivo de Dios y de la Vida- de la Felicidad Eterna.

Napoleón Tercero Amador

Misfortune cannot be eternal, and since it has a limit, the concept of infinite happiness imposes itself as a logical consequence.

Therefore, we can affirm that happiness is as enduring as Life; and that this same Life logically has, as its primary objective and core reason for its own existence, Eternal Happiness.

Indeed, God could not have created man to be miserable. God Himself is Life, and therefore, He is perpetual, inexhaustible, and unique happiness; and the life of His creatures, a reflection of His own, cannot in any way be a gloomy projection, because light cannot project darkness.

But what is eternal happiness as it concerns man? I answer: Perfection, that is to say, Wisdom. These two factors interpenetrate one another to the point that one becomes the fundamental essence of the other, since there can be no Wisdom without perfection and vice versa.

Thus, every occurrence contrary to happiness, which we call misfortune, is nothing more than a circumstantial event that becomes perishable as soon as we acquire the experience derived from it. Hence, humanity advances toward Knowledge and Perfection through the blows of experience.

In conclusion, pain, misfortune, and all that results from ignorance and other imperfections that afflict us are nothing but the constitutive foundations, necessarily linked like the arches of bridges, so that upon them may be cemented that endless route—the objective of God and of Life—of Eternal Happiness.

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